jueves, 26 de diciembre de 2013

Especial de Navidad, 26 de diciembre del 2013


Hola de nuevo a tod@s, hoy tenemos otro frío e invernal día de Navidad pero que intentaremos hacerlo algo más llevadero y acogedor con la última parte de esta Antología, titulada "Esperanza en los corazones" de Sondra Stanford


Publicada en la antología «Otras historias para una Navidad 1993» (Silhouette Christmas Stories)
Título: Esperanza en los corazones (1993)
Título Original: Hearts of Hope (1992)
Autor: Sondra Stanford
Editorial: Harlequin Ibérica
Sello / Colección:  Internacional 87
Género: Contemporáneo
Protagonistas: Rob Green y Mary Shelton

Sinopsis

Rob Green no pudo evitar reírse cuando se topó con el enorme árbol de Navidad que Mary Shelton había adquirido para su casa. ¿Cómo podría el más pequeño apartamento de la ciudad contener ese enorme árbol? La mujer estaba esperando un milagro. Pero una mirada a Mary dejó a Rob pensando... en los árboles, el múerdago y el milagro de la Navidad.

Capítulo Uno

Mary Shelton abrió la pesada puerta y salió al exterior de la escuela primaria de Hope. Su amiga, la profesora de primer grado Jan Crane, la seguía.
Era una tarde brillante y soleada de primeros de diciembre, pero la belleza del día engañaba. Mary se alegró de haberse puesto la gruesa chaqueta sobre la falda negra y la suave blusa blanca. Jan, ataviada sólo con un vestido de seda, se estremeció mientras buscaba en su bolso las llaves del coche.
—¿Quieres que te lleve, Mary? —preguntó—. Hace bastante frío.
—Gracias, pero sólo vivo a dos manzanas de aquí —repuso la otra—. Además, eso me dará tiempo para organizar mis ideas.
—No te atormentes demasiado —le aconsejó su amiga—. Serás una buena directora del programa navideño.
Mary hizo una mueca.
—Espero que tengas razón, pero me sentiría mejor si tuviera ya experiencia en ese tema. Por lo que tengo entendido, va a ser difícil superar a Jackie Murphy.
En la reunión de profesores que acababa de tener lugar, el director de la escuela le había comunicado que tendría que ocuparse de dirigir el programa especial navideño de la escuela. La profesora de quinto grado que se había ocupado de ello durante los últimos veinte años, se recuperaba en el hospital de una apendicitis.
—Hace un buen trabajo, sí —admitió Jan—, pero tú también lo harás. Y Lydia Willis te ayudará mucho. Ha ayudado a Jackie en los últimos años, así que conoce todos los trucos.
—Ojalá se hiciera cargo del programa y me dejara a mí ser su asistente —dijo Mary.
Aquel era el primer semestre que enseñaba en la Escuela Hope y, en su calidad de recién llegada, no se sentía demasiado cómoda asumiendo ya una tarea de tanta responsabilidad.
—Lydia no sabe solfeo. Tú eres la única músico que tenemos aquí además de Jackie, así que no había más remedio que cargarte con eso.
—Lo sé —asintió Mary—. Pero espero hacer honor a la tarea. Me han dicho que toda la ciudad suele venir a vernos.
Jan sonrió.
—No hay muchas diversiones en Hope, Texas. Así que todos acudimos siempre que hay ocasión —se echó a reír al ver la expresión de ansiedad de su amiga—. Vamos, mujer, no es para tanto. Recuerda que tú sólo eres la directora, no la estrella del programa. Lo son los niños. La gente viene a verlos a ellos y no hay audiencia más complaciente que la formada por mamás, papás, abuelas y abuelos. Nadie te prestará la más mínima atención a ti.
Mary se echó a reír.
—Gracias. Eso es justo lo que necesitaba mi ego.
Jan también se rió.
—Bueno, me voy al supermercado. Pete tenía una entrevista para un empleo hoy en Nacogdoches, así que llegará tarde a casa. Quiero prepararle una buena cena para cuando vuelva.
—No sabía que pensarais mudaros.
La cara de Jan se ensombreció. Su esposo estaba desempleado desde que cerró la planta de refrigeradores de Ledbetter, siete meses atrás.
—Si encuentra un trabajo bien pagado en otra parte, tendremos que mudarnos. ¿Qué podemos hacer? Hay mucha gente en nuestra situación —dijo con tristeza—. Si no cambian pronto las cosas, la escuela empezará a perder muchos alumnos a medida que se marchen sus padres. ¿Y qué pasará entonces con nuestros empleos? —se encogió de hombros con aire filosófico—. No tiene sentido preocuparse por lo que no se puede evitar. Nos veremos mañana, Mary.
A pesar del frío, la joven anduvo lentamente. No tenía prisa por encerrarse en la pequeña casa que había alquilado en Oak Grove. Se había trasladado a la pequeña comunidad de Hope para dar clases al segundo grado de la escuela. Como había crecido siendo hija única en un rancho de Texas, nunca se sentía aburrida en soledad, pero en los últimos meses, desde su fiasco en Abilene, había empezado a pensar que quizá pasaba demasiado tiempo sola.
Los demás profesores de la escuela eran bastante amistosos, pero la mayoría tenía muchos más de los veintiséis años que tenía ella. Jan era la única de edad parecida y probablemente la mejor amiga que tenía allí, pero estaba ocupada con su esposo y su niño, así que no se veían mucho fuera de la escuela.
El señor Starr, el anciano viudo vecino de Mary, estaba fuera, barriendo su porche delantero cuando se acercó a su casa. Levantó una mano y ella le devolvió el saludo.
Al entrar, la recibió el silencio de la casa vacía. Otras personas tenían vidas interesantes a las que volver después del trabajo; maridos, esposas, niños. Ella no tenía a nadie que se preocupara de si iba o venía.
Se quitó las botas y se preparó una taza de té caliente. Cuando estuvo lista, se la llevó a la sala de estar, donde se sentó ante el piano y empezó a tocar las notas de «Dulce Navidad».
El piano era la razón principal por la que había alquilado aquella casa en particular. Había pertenecido, junto con el resto de los muebles, a la difunta hermana de la casera y le había ayudado a pasar muchas horas solitarias. Afortunadamente, siempre podía entretenerse con la música o los libros.
A pesar de sus vacilaciones al hacerse cargo del programa navideño de la escuela, no le importaba el trabajo extra. Prefería estar ocupada a tener demasiado tiempo para pensar. Mary temía a la Navidad. No estaba segura de poder soportarla sola cuando el año anterior había estado con su abuela y Wayne.
Aquel año, sin embargo, no tenía a nadie.
Dejó caer la tapa del piano, se puso en pie y volvió a ponerse los zapatos. Cogió el bolso y la chaqueta y se dirigió a la puerta.
La mejor arma contra la depresión era hacer algo. No pasaría nada si tenía que estar sola en Navidad ni tenía a nadie con quien intercambiar regalos. Se pagaría la mejor Navidad que pudiera permitirse.
Se metió en su coche Honda y condujo por la calle principal. Pasó el supermercado, el banco, una gasolinera y una oficina inmobiliaria. Justo después de la droguería había un solar que solía estar vacío. Ahora había allí un pequeño edificio metálico prefabricado rodeado de docenas de árboles de Navidad.
La joven aparcó y salió del coche con la intención de comprarse el árbol más grande y bonito que pudiera encontrar.


Rob Green abrió la puerta de la casa prefabricada. Sus ceñidos tejanos estaban manchados de grasa y restos de tierra roja. Su camiseta aparecía tan sucia como los pantalones, pero estaba semioculta por una chaqueta vaquera. Sus botas camperas hacían juego con el resto de su atuendo, que demostraba que había estado trabajando duro.
Sus ojos marrón oscuro estaban casi ocultos por el borde de una gorra azul de béisbol; observaba a los clientes inspeccionar los árboles. Le divertía ver a una familia completa reunirse juntos para debatir los méritos de un árbol sobre los demás antes de tomar una decisión.
Ed Watson, amigo y vecino de Rob, era el dueño de aquello. En aquel momento, estaba ocupado ayudando a un cliente a cargar un gran árbol en una camioneta. Sólo le había saludado con la cabeza al verlo llegar.
El hermoso día soleado había degenerado ya en un atardecer nublado y frío. Las luces cercanas aparecían rodeadas por halos de humedad.
Cuando Ed se quedó libre, se unió a Rob en el interior del pequeño edificio que hacía las veces de oficina temporal.
—Hay café recién hecho. ¿Quieres una taza?
—Muy bien.
La minúscula estancia contenía dos sillas, una mesa que servía de escritorio y otra mesa más pequeña que sostenía la cafetera.
—¿Qué vas a hacer esta noche? —preguntó Ed, mientras servía el café.
—Daré una vuelta hasta que sea hora de recoger a Holly. Está haciendo un proyecto para la escuela con una compañera de clase. La madre de la otra chica la ha invitado a cenar, así que le dije que la recogería a las ocho —miró su ropa sucia—. No he tenido tiempo de ducharme y cambiarme antes de traerla. He pasado la tarde arreglando vallas y trabajando con el tractor.
Ed asintió comprensivo. Los dos hombres eran hijos de granjeros y se habían criado a media milla de distancia el uno del otro. Ed seguía cultivando la tierra de su familia. Había construido una casa moderna para su esposa y sus hijos cerca de la granja en la que seguía viviendo su madre. También trabajaba la mayor parte de la tierra que Rob había heredado de sus padres. Rob seguía viviendo en los terrenos, en una casa nueva, pero había dejado de cultivar la tierra para montar una compañía inmobiliaria en la ciudad. Sólo conservaba un par de prados para dar de comer a unas cuantas cabezas de ganado y a sus caballos.
—¿Cómo van los negocios? —preguntó, cogiendo su café.
—No van mal teniendo en cuenta que sólo estamos a primeros de mes —declaró Ed—. ¿Quieres elegir un árbol?
Rob sonrió.
—Ya conoces a Holly. Si no vamos al bosque a cortar uno nosotros mismos, no me lo perdonaría nunca.
Ed asintió. Aunque todos los años vendía árboles de Navidad, a él le ocurría lo mismo con su familia. Empezó a hablar, pero le interrumpió un ataque de tos.
—Parece que te has pillado un buen resfriado —dijo su amigo.
—Sí. No consigo soltarlo y este aire húmedo y frío no me ayuda precisamente.
—¿Y por qué no cierras temprano y te vas a la cama? —miró a través de la puerta—. De todos modos, ya no hay más clientes.
Ed volvió a toser y luego murmuró:
—Creo que lo haré. Cada vez me siento peor —se dio un golpe en la frente—. Oh, se me olvidaba. Le he prometido a la profesora de Randy que le llevaría el árbol a su casa cuando terminara esta noche.
Rob pareció sorprendido.
—¿Desde cuándo entregas árboles a domicilio?
—No lo hago —se inclinó y tosió un par de veces más—. Al menos no como algo normal. A veces se lo llevo a la vieja señora Phillips. Pero la profesora quería ese árbol —señaló un árbol alto con un cartel de vendido colgado de la rama—. Y no podía entrar en su Honda, así que le dije que se lo llevaría después de cerrar —sonrió—. Supongo que se lo debo por soportar a mi hijo todos los días en la escuela.
Rob sonrió. Randy era un niño de siete años bastante travieso. El pobre Ed volvió a toser y su amigo miró su reloj.
—¿Y dónde vive esa profesora? Yo tengo tiempo de llevarle al árbol antes de recoger a Holly. Tú cierra aquí y vete a casa.
—Bendito seas —murmuró su amigo a través de su pañuelo.


Quince minutos después, Rob llegaba a la pequeña casa de Oak Grove. En la parte delantera había un Honda aparcado.
El joven no se había hecho ninguna idea previa de la profesora, pero, desde luego, no estaba preparado para la angélica visión con la que se encontró cuando le abrieron la puerta.
Era una mujer joven y extraordinariamente atractiva, con largo cabello rubio y una figura sensacional resaltada por una falda negra recta y una blusa de seda. Le hubiera gustado saber cuál era el color de sus ojos, pero no estaba lo bastante cerca para verlo.
—¿Señorita Shelton?
La joven lo miró un momento.
—Sí. ¿Deseaba algo?
Rob se tocó el borde de su gorra e inclinó ligeramente la cabeza.
—Le he traído su árbol de Navidad —anunció.
—Pero… el señor Watson…
—Me envía él. ¿Quiere que se lo meta en la casa o lo dejo aquí en el porche?
—¿Le importa llevarlo al porche de atrás?
—Claro que no.
—Voy a dar la luz —dijo ella.
Cuando volvía a la camioneta, Rob pensó que aquella mujer no debía llevar mucho tiempo en Hope o él tendría que haberla visto antes.
Cuando llegó al porche trasero, la luz exterior estaba encendida. La señorita Shelton estaba de pie con los brazos cruzados bajo el pecho.
—No sé dónde quiere ponerlo cuando lo meta dentro —comentó el hombre—. Es un árbol bastante grande. Probablemente tendrá que cortar algunas de las ramas más bajas y parte del tronco antes de poder meterlo en la casa.
—Tiene razón —replicó ella, mientras él apoyaba el árbol en una esquina del porche—. Sabía que era demasiado grande, pero era tan hermoso que no he podido evitar comprarlo —se rió sin ganas—. Me temo que me he precipitado.
A Rob le gustó el tono dulce, casi musical de la profesora. Se limpió las manos contra los tejanos y se acercó más a ella. A la luz brillante del porche, podía verla con claridad. Sus primeras conclusiones habían sido acertadas. La señorita Shelton era más que atractiva; era extraordinariamente hermosa.
El corazón le latió con fuerza y se descubrió mirando sus labios y preguntándose cómo sabrían y si serían tan suaves como parecían. Aquella reacción lo sorprendió. Hacía mucho tiempo que no se sentía tan fuertemente atraído por una mujer.
Consiguió controlarse lo suficiente para preguntar:
—¿Tiene a alguien que le corte las ramas?
Mary se sintió desconcertada por el magnetismo viril de aquel hombre. ¡Era tan grande! Y ella apenas medía un metro sesenta de estatura. Suponía que era su tamaño lo que la había dejado sin aliento, pero no había nada que pudiera explicar su súbita y repentina atracción por él.
Se fijó en aquellas manos fuertes y se preguntó cómo acariciarían. Después se sintió horrorizada. ¿Se había vuelto loca? No podía creer que estuviera pensando eso de un hombre al que no había visto nunca.
—¿Se encuentra bien? —preguntó él, preocupado, acercándose más a ella.
Mary se ruborizó y lo miró a los ojos. Tras un esfuerzo enorme, consiguió sonreír.
—Estoy bien. Lo siento. ¿Qué decía?
—¿Tiene a alguien que le corte las ramas? Esta noche no tengo tiempo, pero si necesita a alguien que se las corte, puedo traer mi sierra y volver mañana por la tarde.
Mary se sintió tentada de aceptar su oferta. Ella no tenía sierra e iba a necesitar ayuda con aquel árbol tan grande, pero no podía aprovecharse de la buena disposición de aquel hombre. A juzgar por su aspecto, probablemente debía trabajar duro durante el día y acabar agotado.
—Gracias, pero no es necesario —repuso.
Rob asintió con brusquedad.
—De acuerdo. Buenas noches.
—Buenas noches —replicó ella—. Y gracias.
Lo observó bajar las escaleras del porche y entonces recordó el billete que tenía en la mano derecha. Lo había cogido de su billetero al ir a encender la luz exterior.
—Espere —gritó.
Rob se volvió.
—¿Sí?
Mary se acercó al borde de las escaleras y tendió la mano.
—Aquí tiene su propina. Lo siento. Casi se me olvida.
Rob se quedó atónito. Era evidente que la señorita Shelton lo había confundido con un empleado de Ed Watson. No supo si reír, seguirle la corriente o sentirse insultado. Al final hizo un gesto negativo con la mano.
—No es necesario.
—¡Oh, no, por favor! —suplicó Mary—. Ha sido un gran trabajo traerme el árbol. Le debo algo por la molestias. Por favor, me sentiré muy mal si no lo acepta.
Rob se mordió el labio inferior para contener la risa.
—En ese caso, lo cogeré, señora. Lo último que querría en el mundo es que usted se sintiera mal.
Cogió el billete doblado y se llevó la mano a su gorra.
—Muchas gracias, señora. Buenas noches.
Luego dio la vuelta y se alejó con rapidez.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Feliz Navidad a tod@s!!!!!


Hola de nuevo!!
¿Hoy también estoy aquí? si, pero hoy no os traigo ningún libro, todos los días no se puede así que estoy aquí solo de pasada.
Mañana ya volveré con otra novela. Pero hoy solo he entrado muy brevemente para deciros...


Hoy es el día de navidad y espero que, como os dije ayer, hayáis pasado una noche feliz y divertida.
Para los más peques, que Papa Noel les haya traído montones de cosas y que hoy disfrutéis de este día tanto como ayer.
Un saludo para tod@s y mañana nos volveremos a ver!!


martes, 24 de diciembre de 2013

Especial de Navidad, 24 de diciembre del 2013


Hoy es un gran día!!!
Os deseo una muy feliz noche junto a todos vuestros seres queridos; mucho turrón, mucho alcohol (tampoco hay que pasarse), pero sobretodo muchas risas e ilusión.
Pero, entrando en el tema literario, hoy os traigo la segunda parte de la antología "Otras Historias para una Navidad" titulada "Noche de Paz" de Marie Ferrarella.


Publicada en la antología «Otras historias para una Navidad» (Silhouette Christmas Stories)
Título: Noche de Paz (1993)
Título Original: The night Santa Claus returned (1992)
Autor: Marie Ferrarella
Editorial: Harlequin Ibérica
Sello / Colección: Internacional 87
Género: Contemporáneo
Protagonistas: Timothy Holt y Laura Lekawski

Sinopsis


Laura Lekawski no creía en Papá Noel. Su hijo, Robbie, tampoco... hasta que lo conocieron, o al menos conocieron al Papá Noel de los almacenes Mattingly's. Aquél era la clase de Papá Noel que podría hacer realidad los deseos de un niño triste. Y de paso, hacer realidad también los sueños de su madre.

Capítulo Uno

Había algo extraño en aquel traje.
Al principio no notó nada raro. Cuando el dependiente le tendió la caja, en su interior parecía haber un típico disfraz rojo de Papá Noel de la talla 42.
Hasta que no se lo puso no empezó a ocurrir. Al meter los brazos en las mangas y cerrar la chaqueta, los recuerdos se apoderaron de él como en una oleada mágica; una magia que se correspondía por entero con la visión que tiene un niño de la Navidad.
Timothy Holt se miró en el espejo, se ajustó la peluca y la barba blancas y, al hacerlo, hubiera jurado que olía a bizcochos de azúcar. Su madre siempre preparaba esos bizcochos por Navidad. Había olvidado lo mucho que le gustaba aquel aroma y lo especial que solía ser la Navidad para él. Especial y llena de magia.
Gerald Lakewood echó a Tim una mirada nerviosa. El hombre lo había contratado menos de una hora antes.
—¿Tiene bastante relleno? —preguntó.
Tim asintió y se golpeó el estómago.
—Sólo espero que no se suelte.
Gerald abrió la puerta del vestuario. El ruido de los clientes llenaba la atmósfera de los almacenes Mattingly's.
—Lo único que tiene que hacer es sentarse y escuchar. Y sonreír al fotógrafo.
Tim empezó a avanzar hacia el departamento de juguetes. Los niños con los que se cruzaba le sonreían o le gritaban cosas. Él saludaba a su vez; una extraña sensación de ternura se iba apoderando de él. Saludó a una niña que no podía tener más de tres años y la pequeña abrió mucho los ojos encantada. Hacía mucho tiempo que no se sentía tan contento.
Se recordó a sí mismo que tenía trabajo. Aquello no era un capricho, sino una investigación.
—Vamos, siéntese aquí —dijo Gerald, señalando una silla enorme cubierta de terciopelo rojo y colocada en lo alto de una plataforma.
A la izquierda de la silla había una cabaña; delante de ella esperaban un elfo y su cámara. Las fotos de los niños con Papá Noel costaban seis dólares.
Tim pensó con un arranque súbito de tristeza que todo tenía un precio. Pero, si no fuera así, él no tendría aquel trabajo.
—No sé qué le ha pasado a Jack para marcharse así —murmuró Gerald—. Él ha sido nuestro Papá Noel durante los últimos cinco años. Y no necesitaba relleno.
No, pero sí necesitaba los trescientos dólares que le dio Tim para que dejara libre el puesto sin avisar. Eso y la promesa de darle su salario habitual. A Tim no le interesaba el sueldo de la tienda. Lo único que deseaba era hacer de Papá Noel allí.
—Apendicitis —murmuró, inspirado.
Después de todo, quizá Jack necesitara aquel puesto al año siguiente. Y él sólo lo necesitaba durante tres semanas, para terminar su análisis de mercado.
—Sí, bueno —Gerald se pasó una mano por la frente—. Ha sido una suerte que pudiera venir usted en su lugar.
—Para eso están los sobrinos —murmuró el otro.
Aquélla era la excusa que le dio cuando apareció en el lugar del otro hombre.
Un niño moreno se acercó a él y se soltó de la mano de su madre.
—¿Tú eres el sobrino de Papá Noel? —preguntó muy serio.
—¿Yo? —Tim tosió y bajó la voz hasta adquirir un tono más grave—. No, yo soy el verdadero. Estaba hablando de mi sobrino.
El niño apretó los labios.
—No sabía que Papá Noel tuviera un sobrino.
—Claro que sí —le indicó que se acercara y Gerald se apartó—. Pero hablemos de ti, ¿vale? ¿Qué quieres que te traiga?


Tim pasó tres horas escuchando a los niños. La experiencia resultó ser diferente a lo que había imaginado. Se sentía relajado, como si fuera en realidad el personaje al que interpretaba en lugar del dueño de Empresas Holt, una firma de marketing que en sólo seis años había pasado de ser completamente desconocida a convertirse en una de las líderes en su campo. La compañía Juguetes Imaginativos lo había contratado para que averiguara qué era lo que en realidad querían los niños y no sus padres.
Estaba convencido de que había algo en aquel traje que le provocaba aquella extraña sensación de euforia.
A medida que pasaban las horas, la sensación se hizo más intensa en lugar de remitir. No lo comprendía y, al final, dejó de intentar analizarla. Se sentía cómodo en aquella silla de terciopelo esperando a los niños. Muy cómodo. Desde luego, mucho más de lo que se sentía en su despacho. Los niños lo miraban con absoluta confianza y eso le gustaba, como también le gustaba escuchar sus risas y oír lo que deseaban encontrar el día de Navidad debajo del árbol.
Con ayuda de su prodigiosa memoria, retenía el grueso de la información que conseguía, catalogando bien las clases de juguetes que le pedían una y otra vez. Los minutos se convirtieron en horas y, sumergido en la magia de su trabajo, Tim perdió la noción del tiempo.
Por eso no se dio cuenta del momento exacto en el que se fijó en aquel niño rubio. Cuando lo hizo, comprendió que el niño llevaba ya un rato allí, apoyado contra un mostrador y mirándolo con aire de entendido. No podía tener más de seis años y estaba solo.
Una niña rubia, ataviada con un vestido de color rojo, saltó de sus rodillas, convencida de que Papá Noel le concedería todos sus deseos. Tim se volvió para mirar de nuevo al niño cuando sintió que alguien le daba en el hombro. La señora de Papá Noel, que estaba allí para acercar los niños hasta él, le sonrió con amabilidad.
—Puedes tomarte otro descanso, Papá Noel —le informó.
Los niños que estaban haciendo cola lanzaron un gemido.
Tim se levantó de la silla, bajó de la plataforma y se acercó al niño, que seguía al lado del mostrador. El pequeño lo miró con ojos desafiantes.
—Hola —sonrió el hombre.
Los luminosos ojos azules lo miraron de nuevo y aquella vez casi había hostilidad en ellos.
—Hola —respondió.
Se metió las manos en los bolsillos y se volvió con aire de enfado. Tim no pudo evitar preguntarse por qué.
—¿Sabes quién soy? —preguntó, esforzándose por no sonar paternalista.
El muchacho se dio la vuelta y empezó a examinar un camión de juguete.
—Sí, un hombre disfrazado de Papá Noel.
Tim sabía que era inútil intentar hacerse pasar por verdadero. El niño ya tenía una firme opinión sobre el tema.
—Bueno, él está muy ocupado en esta época, así que tiene gente que lo sustituye.
El pequeño dejó el camión sobre el mostrador y miró a Tim con ojos de persona mayor.
—No, no es cierto.
—¿No lo es?
El niño apretó la mandíbula.
—No. Él no existe.
Tim se inclinó hacia él.
—¿De verdad?
El pequeño le lanzó una mirada impregnada de rabia y dolor.
—Claro. ¿Es que no lo sabes?
—¿Cuántos años tienes?
—Seis.
—¿Y no crees en Papá Noel?
—No.
Pero aquella vez hubo una sombra de duda en su voz.
Tim le habló con gentileza.
—¿Estás completamente seguro de ello?
El pequeño volvió a meterse las manos en los bolsillos, como si aquello le diera seguridad.
—Sí.
Tim no sabía por qué proseguía la conversación. Quizá fuera el traje. O quizá era el hecho de que no le gustaba ver a un niño tan pequeño sin esperanza.
—¿Y por qué estás tan seguro?
El niño respiró hondo.
—Porque el año pasado le pedí un papá y no me lo trajo.
Tim se acarició la barba pensativo.
—Un papá es un pedido difícil.
El niño levantó la barbilla.
—Para Papá Noel no. Si existiera —bajó la voz—. Pero no existe.
Tim le colocó una mano en el hombro y se alegró al ver que el niño no lo rechazaba.
—¿Qué le ha pasado a tu padre?
—No lo sé —repuso con voz dolorida—. Hace mucho tiempo que se fue. Más tiempo del que puedo recordar. Le pedí un papá para que pudiera traerme un tren y jugar conmigo. Y hacer que mi madre dejara de estar triste. Pero no me lo trajo.
—Tal vez este año.
No sabía por qué, pero se sintió obligado a mostrarse optimista.
Pero el niño frunció el ceño.
—No. Nos hemos mudado.
—¿Y eso importa mucho?
El muchacho suspiró impaciente.
—Nos hemos mudado desde muy lejos. Aquí no conocemos a casi nadie. Todos los padres de nuestra manzana tienen ya hijos. Nosotros somos de Ohio. Y esto no me gusta mucho.
Tim era californiano de origen y le encantaba.
—California es estupenda.
—Aquí no nieva.
—Bueno, no, pero…
—Sé que Papá Noel no existe, pero me gustaba la nieve en Navidad —frunció aún más el ceño—. Este año hasta tenemos un árbol falso. Mamá dice que así resultará más barato —le tembló el labio inferior—. Ya no hay nada que sea real.
Hacía mucho tiempo que Tim no se sentía tan conmovido. Deseaba abrazar al pequeño y decirle que todo saldría bien si conservaba la fe en ello. Pero no podía sacar a un padre como por arte de magia.
—¿Cómo te llamas? —preguntó.
Robbie. Robbie Lekawski.
—¿Y qué haces aquí solo?
—No estoy solo. Mi mamá está por aquí.
—¿Por aquí?
—Se ha perdido —musitó el niño, mirando nervioso a su alrededor.
Tim cogió al pequeño de la mano.
—En ese caso, será mejor que la encontremos antes de que se asuste —dijo con gentileza.
—No debo hablar con desconocidos —musitó el niño, que no deseaba moverse.
Tim sonrió.
—Pero yo no soy un desconocido. Soy el representante en la tierra de Papá Noel.
—Ya te he dicho que no creo en Papá Noel.
—Eso no importa. Yo sí.
—¡Robbie!
Aquel grito de alivio hizo que Tim se volviera y empezara a buscar a la persona que lo había lanzado.
Siempre había sabido que era un hombre de una sola mujer. Aunque no la había encontrado todavía, no le preocupaba. Sabía que ella estaría por allí en alguna parte, que sólo era cuestión de tiempo. Algún día, sin saber cómo, cuando menos lo esperara, la vería y sabría que era ella.
Pero nunca había esperado encontrársela vestido de aquel modo.
Robbie, ¿dónde te has metido?
Laura Lekawski se arrodilló y abrazó a su único hijo. Tenía los ojos llenos de lágrimas. No sabía si llorar y estrecharlo con fuerza o reñirle por haberle dado aquel susto. En los veinte minutos que llevaba buscándolo, había imaginado toda clase de cosas horribles.
—Aquí. Hablando con él —dijo el niño, señalando a Tim
Laura miró hacia arriba y vio a Papá Noel, que le sonreía.

lunes, 23 de diciembre de 2013

Especial de Navidad, 23 de Diciembre del 2013


Por fin llegó el día!!!!!!
Carta a Papá Noel, ¡Hecho!
Carta a los reyes, ¡Hecho!
Galletas en el horno emmmm bueno, las de caja están muy bien... (por el bien de mi cocina).
Villancicos sonando, ¡Hecho!
Nieve cayendo, ¡Hecho!
Árbol colocado e iluminado, ¡Hecho!

Así que lo único que quedaba y que ya lo fui avisando estos días, es que a partir de hoy y hasta el día 6 de enero del próximo año (Siempre me suena raro decir esto jajaja) se celebrará en el blog un "especial navideño".
Cada día subiré una novela romántica navideña distinta, y durante estos primeros tres días, se tratará de la Antología "Otras Historias para una Navidad".
Hoy, traigo "La magia de Navidad" de Mary Lynn Baxter.


Publicada en la antología "Otras historias para una Navidad" (Silhouette Christmas Stories 1992)
Título: La magia de la navidad (1993)
Título Original: Joni's Magic (1992)
Autor: Mary Lynn Baxter
Editorial: Harlequin Ibérica
Sello / Colección:  Internacional 87
Género: Contemporáneo
Protagonistas: Lacy Madison y Boothe Larson

Sinopsis

Un hombre y su perro: esa es la suma que Boothe Larson se impuso en su autoexilio en los bosques de Arkansas. Todos los visitantes se alejaron de la cabaña solitaria. Pero entonces una niña le trajo la magia, y también lo hizo su madre, Lacy Madison. Es la magia de la Navidad... y se llama amor verdadero.

Capítulo Uno

Lacy Madison miró la pila de libros colocada sobre el mostrador y sonrió. Su idea de montar una sección de préstamo de libros había resultado un completo triunfo. El negocio de la tienda aumentaba día a día. Estaba contenta y era un buen momento para ello, ya que se acercaba la Navidad.
Cogió el libro situado encima de todos y empezó a hojearlo. Había llegado casi al final cuando se encontró con un sobre. Frunció el ceño y lo examinó. Era un sobre bancario, pero no veía el nombre del dueño. Extrajo el contenido y una hoja de papel cayó al suelo.
Se inclinó, la recogió y, al examinarla, se ruborizó. Se trataba de una carta personal, dirigida a un cliente nuevo de su tienda. Lacy no conocía todavía al misterioso Boothe Larson, pero Sue, su ayudante, lo había definido como un hombre guapo, pero bastante introvertido.
Lacy comprendía esa actitud. Después de dos años, seguía todavía intentando olvidar su doloroso pasado. Años atrás, se creyó la más afortunada de las mujeres al casarse con un ejecutivo joven y brillante, al que no hacía mucho que conocía.
Tal vez hubiera estado buscando algo nuevo en su vida. Después de cuatro años en la universidad, no sabía todavía a qué quería dedicarse. Trabajó como secretaria en una compañía de abogados, pero no le gustó. Artística por naturaleza, le gustaba trabajar con las manos, pero sus padres, antes de morir en un accidente de coche, creían que eso era una tontería e intentaron convencerla de que el único modo de sobrevivir en este mundo era tener un trabajo fijo bien pagado.
Lacy contempló su matrimonio como algo nuevo y excitante. Y los primeros años fue feliz. Pero luego, su esposo no consiguió un ascenso que esperaba y empezó a beber. Se volvió cada vez más difícil y la vida de Lacy y de su hija llegó a hacerse insoportable.
Desesperada por abandonar la ciudad y empezar una nueva vida, aceptó una oferta de una amiga de su madre. La mujer quería alguien que se hiciera cargo de su librería con opción a compra y Lacy no lo dudó ni un segundo.
Y no se arrepentía de ello. Camden, Arkansas, había resultado ser un paraíso en la tierra, la ciudad era el centro de una zona turística rural situada en las hermosas montañas de Ozark. Toda la región era un sueño para un artista. Magníficos pinos y otros árboles de hoja perenne daban sombra a amplios arroyos que albergaban multitud de percas y truchas. Y los pescadores que acudían gastaban dinero en la ciudad.
En cuanto estuvo instalada, decidió utilizar su talento artístico y aprendió a trabajar con cristal. No tardó en especializarse en la elaboración de pequeñas lámparas de formas extrañas que cortaba y moldeaba con amor.
En aquel momento estaba ya decidida a vender las lámparas a las tiendas para poder sacar dinero suficiente para comprar la librería. Miró a su alrededor con orgullo. La librería, resultaba original y adorable. Los libros estaban colocados en estanterías antiguas y, entre ellos, se veían las lámparas con las que esperaba reunir dinero suficiente para alcanzar su objetivo.
—Mamá.
La voz de su hija la sacó de su ensueño. Sacudió la cabeza y, al darse cuenta de que todavía tenía el sobre en la mano, se lo metió en el bolsillo.
—Estoy aquí, querida.
Aunque hacía horas que se había levantado, había dejado a su hija dormida en el apartamento de arriba. Miró su reloj y vio que eran las nueve en punto. Apenas le quedaba tiempo de poner en su sitio los libros devueltos el día anterior antes de abrir la tienda a las diez.
Joni se acercó a ella. Llevaba puesto el chándal rojo que Lacy le había dejado extendido a los pies de la cama. La parte superior tenía una imagen de Papá Noel pintada en el frente.
La joven sonrió y tendió los brazos.
—Hola, preciosa —dijo, abrazándola—. ¿Has dormido bien?
—Muy bien —repuso la niña, sonriente.
—¿Quieres cereales? —dijo, alisándole el pelo—. ¿Te has lavado los dientes?
—Sí.
—Estupendo.
Su hija de cuatro años era inteligente, precoz y un reto constante para Lacy. Pero ella adoraba aquel reto y estaba decidida a hacer de ella una persona responsable y productiva.
Sin embargo, la tarea no era fácil. A veces yacía despierta toda la noche y sentía que sus responsabilidades le pesaban como una losa. Entonces deseaba poder tener a alguien que compartiera sus cargas, un hombre al que amar. Pero no era así y no había nada que hacer.
Joni la cogió de la mano.
—¿Cuánto tiempo falta para que venga Papá Noel?
—Tres semanas, querida —respondió ella, automáticamente.
Su hija le había hecho aquella misma pregunta unas mil veces desde que terminara el día de Acción de Gracias y las tiendas empezaran a llenarse de decoraciones navideñas.
—He soñado con él, mamá.
—Dime lo que has soñado —repuso Lacy, llevándola hasta la parte trasera de la tienda desde donde salía una escalera que conducía a la vivienda.
Para Lacy, la casa había resultado ser una bendición. Decoró aquel espacio pequeño con una variedad de muebles, algunos de mimbre y otros antiguos, y consiguió un efecto muy agradable, con gran variedad de plantas vivas y unos cojines floreados sobre los sillones.
—Vamos, cuéntame tu sueño —musitó cuando tuvo a Joni sentada a la mesa de la cocina delante de un plato de cereales.
La niña dejó la cuchara y murmuró excitada:
—He soñado que Papá Noel bajaba por la chimenea.
—Eso está muy bien —repuso su madre, muy seria—. ¿Y eso es todo?
La niña se echó a reír.
—No. Se quemaba el culo, mamá.
—¡Joni! ¿Dónde aprendes a hablar así?
La aludida se encogió de hombros y entonces oyeron pasos en la escalera.
—¿Sue? —preguntó Lacy.
—La misma —repuso Sue Petty, entrando en la estancia.
—Hola, Sue —dijo la niña—. ¿Sabes una cosa? He soñado que Papá Noel bajaba por la chimenea y se quemaba el culo.
La aludida la miró un momento sorprendida y después se echó a reír.
Lacy extendió las manos con aire impotente.
—¿Qué quieres que diga? —preguntó.
—Nada —repuso su amiga—. Yo tengo una en casa que es igual de descarada.
Lacy agradecía todos los días a su buena estrella el haber podido encontrar a Sue. Aquella mujer regordeta y morena no sólo era una vendedora nata, sino también una amiga. La conoció el mismo día en que abrió la tienda y la otra entró a preguntarle si necesitaba ayuda. La contrató al segundo. Lo que contribuía todavía más a mejorar su relación era el hecho de que Sue tenía un hijo un año mayor que Joni.
Cuando Lacy necesitaba salir, ella podía hacerse cargo de la pequeña.
—¿Quieres una taza de café? —le preguntó.
—No. Creo que voy a abrir la tienda.
—Ah, siéntate. Todavía es temprano.
Sue sonrió y se sentó a la mesa.
—¿Podrás arreglártelas sola un rato esta mañana? —preguntó Lacy.
—Por supuesto.
—Tengo que ir a Harrison a comprarle unos zapatos a Joni.
La niña aplaudió.
—Estupendo. A lo mejor vemos a Papá Noel.
—A lo mejor —dijo su madre, retirándole el plato vacío de cereales—. Ve a buscar el cepillo para peinarte.
La niña se acercó a la puerta y luego se volvió hacia ella con la cara muy seria.
—Mamá, papá no vendrá para Navidad, ¿verdad?
Lacy sintió un nudo en la garganta.
—No, cariño, no vendrá. Ya lo sabes —repuso con cierta dureza.
Joni dejó caer la cabeza, pero un segundo después miró sonriente a Sue.
—¿Podrá venir Melody a mi casa a recoger su regalo?
—Por supuesto —asintió la mujer, sonriente—. Y luego puedes venir tú a la nuestra a recoger el tuyo.
Lacy tragó el nudo que tenía en la garganta.
—Eso suena muy divertido. Pero vete ya a buscar el cepillo.
—Está algo confusa —dijo Sue, cuando la pequeña salió de la estancia.
—Más de lo que tú te crees.
—Echa de menos a su padre.
—Sí, así es.
—¿Hay alguna posibilidad de que volváis a juntaros?
Lacy la miró con ojos llorosos.
—No.
Se hizo un silencio. Sue carraspeó un poco y dijo:
—Nunca me has dicho nada y no te lo he preguntado, pero como amiga que os quiere a las dos, me gustaría saber qué te pasó con tu ex.
Lacy se apoyó contra la mesa y suprimió un escalofrío.
—Escucha… olvida que te lo he preguntado.
—No, no importa. Quiero que lo sepas. Después de un divorcio largo y difícil, empezaba a recuperarme cuando mi ex secuestró a Joni y la sacó del estado. Ella tenía dos años.
—¡Oh, Dios! ¡Qué horror!
—Utilicé mis ahorros para contratar a un detective privado que terminó por encontrarlos. El padre de Joni fue detenido en el acto y condenado a una pena de cárcel —continuo Lacy, con voz casi inaudible—. En cuanto pude, hice las maletas y me vine aquí. Ya conoces el resto.
Sue pareció que iba a decir algo, pero no lo hizo. Terminó su café y luego la miró.
—No todos los hombres son como tu ex marido, ¿sabes?
Su amiga respiró hondo y se esforzó por sonreír.
—Probablemente no, pero soy demasiado cobarde para comprobarlo.
Sue sonrió.
—No se puede trabajar siempre; hay que divertirse alguna vez. Tú tienes mucho que ofrecerle a un hombre. Billy quiere que salgas con un amigo de su trabajo.
—Dale las gracias a tu marido, pero no me interesa.
—Bueno, no es Boothe Larson, desde luego —prosiguió Sue, ignorando su comentario—, pero no está mal.
Lacy metió la mano en el bolsillo y tocó el sobre con la mano. Tenía que acordarse de enviárselo por correo.
—Hablando de ese cliente, ¿cuántas veces ha estado en la tienda?
—Sólo un par de ellas.
—No puedo imaginar por qué viene aquí.
Su amiga frunció los labios.
—Creo que está solo. En la ciudad se dice que solía ser un guardabosques que combatía fuegos y ahora, nadie sabe por qué, pero vive como un recluso porque odia a la gente —hizo una mueca—. De lo último soy testigo. Cuando le presté el libro, me miró con una mueca en la cara que me recordó a un oso viejo que tuviera una pata herida.
Lacy se echó a reír.
—Me gustaría haberlo visto.
—No, no lo creo.
—Mamá, ¿qué es lo que te hace tanta gracia? —preguntó Joni desde el umbral.
—Nada, cariño. Son cosas de adultos.


Treinta minutos más tarde, Lacy se sentaba al volante de su Honda.
—Mierda —murmuró al darse cuenta de que todavía llevaba en el bolsillo el sobre del banco.
Joni contuvo el aliento y se tapó la boca.
—Oh, has dicho una palabrota, mamá.
—Tienes razón. Lo siento mucho.
—Vámonos a ver a Papá Noel.
Lacy puso el motor en marcha y empezó a pensar. Puesto que no había echado el sobre al correo, ¿qué pasaría si se lo devolvía personalmente? Probablemente, nada. Además, hacía una mañana estupenda para conducir. Salió del aparcamiento y apretó los dientes. Después de todo, la curiosidad mató al gato.


Hasta aquí el primer capítulo, si os ha gustado y queréis cotinuar leyendo esta pequeña novela navideña, solo tenéis que pedírmelo y os lo mandaré.
Mañana, la siguiente. Un saludo.

domingo, 22 de diciembre de 2013

"La Segunda Vida de Bree Tanner" de Stephenie Meyer


Hoy, es la última entrada antes de comenzar con el especial navideño de este año y para despedir las publicaciones "normales" tenemos otra novela de alguien que ya hacía mucho que no publicaba nada, se trata de Stephenie Meyer y su obra "La Segunda Vida de Bree Tanner", una novela que yo no he leído pero para que tengáis una opinión sobre él, os pondré la crítica del blog "El Final de la Historia"


Sinopsis 

La segunda vida de Bree Tanner es la fascinante historia de este vampiro y del lado más oscuro del mundo en el que habita. La novela recrea el nacimiento del nuevo ejército de vampiros que tiene como única misión ir al encuentro de la indefensa Bella Swan y de la indestructible familia Cullen.

Crítica escrita por Alexis (El Final de la Historia)

Cuando vi Eclipse y conocí por primera vez a Bree Tanner no conocía su pasado pero si en lo poco que la vi me llego profundo. No me gustó que la mataran, odié profundamente a Jane y me enojé un poco con Carlisle por no hace algo más para ayudarla.
Ahora que conozco su pasado o mejor dicho el inicio de Su segunda vida, esos sentimientos afloraron y nacieron unos cuantos más, como odio por Riley.
No me imagine que existiera una historia de amor detrás de Bree, no me imagine que existiera una amistad detrás de Bree, pero sobre todo no me imagine que Bree fuera tan buena como cualquier otro.
En si Meyer logro que el personaje de Bree me gustara y admirara en algunos sentidos.

Lo bueno del libro es que vemos algunos sucesos de otro Angulo, conocemos nuevos personajes, identificamos un poco más la personalidad de los neófitos, volvemos con la excelente narración de Meyer y en sí conocemos un poco más.

En lo personal ya he dicho que Meyer tienen talento y lo demuestra en sus narraciones, pues en este caso, no es la excepción. Si hubo pedazos en los que se enrollaba más de lo que me hubiera gustado y dejo de lado los capítulos por lo que en algunos casos por más que hubiera buena narración si se hace lenta la lectura y aburrida. Hubo un momento en que me planteé dejar de leer el libro porque ya conocemos el final aparte de que una neófita no hace la diferencia. Pero qué bueno que no lo deje, puesto que hay cosas detrás de Bree que es bueno y genial conocer, así como unos personajes que me parecieron muy buenos.
Especialmente el final, me agradaron sus pensamientos y sus sentimientos. Pero todos estaremos de acuerdo en que es más fácil dejar ir a un personaje que solo conociste por unos minutos que a un personajes que leíste en más de 200 páginas, porque como ya dije en la película Bree me llegó, pero en el libro profundizó, me dolió por decirlo de una manera, perderla.

Algo raro es que hablan de Edward como “el pelirrojo” sé que para todos el rubio es Jasper o Carlisle pero ¿Edward pelirrojo? Es algo que nunca pensé y me sacó de onda.

La segunda vida de Bree Tanner es un libro indispensable para todo fan de la saga Twilight. Es un libro un tanto lento en ocasiones pero con una muy buena narración, aparte de un personaje principal que cae bien y aprecias. Pero no va más de ahí ya que conocemos el final del libro y lo único rescatable es que conocemos más personalmente a Bree, durante su segunda vida.

Esta crítica la podréis encontrar aquí
Esta es su opinión, no sé si será acertada o no... Ahora os toca a vosotras sacar vuestras propias conclusiones.

Y tú, ¿Lo has leído? 
¿Qué te parece?
No te vayas sin dejar tu comentario!!



viernes, 20 de diciembre de 2013

Escritora de la semana - Lynsay Sands


Hola a tod@s, Cada vez queda menos para llegar a Nochebuena y Navidad!! y durante esos días hasta el próximo 6 de enero (Incluido), "Sueños entre Líneas" celebrará esta época tan maravillosa y mágica con un laaaaaargo, romántico y navideño especial que espero, que disfrutéis tanto como yo.

Esto solo es para avisar y anunciar la noticia, pero hoy por hoy, nos toca la sección "Escritora de la semana" en la cual hablaremos de la divertida, ingeniosa y maravillosa Lynsay Sands, otra de mis creadoras de sueños favoritas.

Biografía

Lynsay Sands nació y se crió en Leamington, Ontario. Antes de ir a la universidad Sands envió un manuscrito a Harlequin Enterprises, pero obtuvo una respuesta pidiendo una reescritura y cualquier otra cosa que ella había escrito, considerando esto como un rechazo Sands se fue a estudiar en la Universidad de Windsor. Sands publicó su primera novela, La Escritura, en 1997.

Se caracteriza por el humor que se inyecta en sus historias. Mientras que escribe novelas históricas y paranormales, es más conocida por su serie sobre una familia moderna de vampiros, "La Familia Argeneau"

Además, ha ganado el premio P.E.A.R.L. por la antología "Mistletoe and Magic" y ha sido nominada para los premios Romantic Times, por mejor romance histórico y mejor romance paranormal.

Bibliografía

La familia Argeneau


01- Mordisco Rápido (A Quick  Bite, 2005

02- Mordiscos de amor (Love Bites, 2004)
03- Vampiro blanco, soltero busca... (Single White Vampire, 2003)
04- Alto, Moreno y Hambriento (Tall, Dark and Hungry, 2004)
05- Un Mordisco para Recordar (A Bite to Remember, 2006)
06- Muérdeme si Puedes (Bite me If you Can, 2007)
07- Vampiro Accidental (The Accidental Vampire, 2008)
08- Vampiros para la eternidad (Vampires are Forever, 2008)
09- Vampiro Interrumpido (Vampire, interrupted, 2008)
10- El Cazador Rebelde (The Rogue Hunter, 2008)
11- El Cazador Inmortal (The inmortal Hunter, 2009)
12- El Cazador Renegado (The Renegade Hunter, 2009)
12.5- Vampire Valentine (En la Antología "Bitten by Cupid", 2010)
13- Born to Bite (2010, No publicado en español)
14- Hungry For You (2010, No publicado en español)
15- The Reluctant Vampire (2011, No publicado en español)
15.5- The Gift (2011, No publicado en español)
16- The bite before christmas 
17- Under a Vampire Moon (2012, No publicado en español)
18- The Lady is a Vamp (2012, No publicado en español)

"The Deed"
- The Deed (No publicado en español, 1997)
- La Llave (The Key, 1999)
- La Persecución (The Chase, 2004)

"Devil of the Highlands"

- Devil of the Highands (2009, No publicado en español)
- Taming the Highland Bride (2010, No publicado en español)
- The Hellion and the Highander (2010, No publicado en español)

"Madison Sisters"

The Countess (2011)
The Heiress (2011)
The Husband Hunt (2012)

"A Rogue Hunter"

- The Rogue Hunter (2008, No publicado en español)
- The Inmortal Hunter (2009, No publicado en español)
- The Renegade Hunter 2009, No publicado en español)

Obras Independientes

- The Switch (1999)
- Three French Hens (Dentro de la Antología "Five Gold Rings" ,1999)
- Dulce Venganza (Sweet Revenge, 2000)
- Always (2000)
- Mistletoe and magic (Antología "Mistletoe and Magic" ,2000)
- Lady Pirata (Lady Pirate, 2001)
- Bliss (2001)
- Wish List (Dentro de la Antología "Wish List", 2001)
- The Reluctant Reformer (2002)
- A Mother's Way (Dentro de la Antología "A mother's Way" ,2002)
- What she wants (2002)
- The Loving Daylights (2003)
- His Inmortal Embrace (Antología "His Inmortal Embrace",  2003)
- The Eternal Highlander (Antología "The Eternal Highlander" ,2004)
- The Perfect Wife (2005)
- Date from Hell (Dentro de la Antología"Date from Hell" ,2006)
- Love is Blind (2006)
- My Inmortal Highlander (Dentro de la Antología "My Inmortal Highlander" ,2006)
- The Brat (2007)
- Highland Thrist (Dentro de la Antología "Highland Thirst" ,2006)
- Holidays are Hell (Dentro de la Antología "Holidays are Hell" ,2007)

Como habéis visto, Lynsay poseé una amplia bibliografía (Aunque hay muchas, muchísimas más amplias) además de variada pues tiene novelas históricas, contemporáneas y fantásticas.... Todas ellas sin abandonar ese sentido del humor y esa calidad tan característica.

Si para ti también es una de tus escritoras favoritas, no dejes de seguirla y de visitar todos sus sitios:
- Twitter
- Facebook
Web

Y a ti, ¿Te gustan sus novelas tanto como a mi?
¿Has leído alguna?
No te vayas sin comentar!!


jueves, 19 de diciembre de 2013

Estreno de Hoy, 19 de Diciembre del 2013


Hoy, tenemos el último estreno del 2013!!
Se trata de una novela histórica, pero dejamos a un lado las Highlands, la Regencia, etc. y nos adentramos en el oeste y en el mundo de los vaqueros con la novela "Obligados a Casarse" de Carolyn Davidson.




Título: Obligados a Casarse 
Título Original: Gerrity's bride
Autora: Carolyn Davidson
Género: Romántica Histórica (Oeste)
Serie: -
Editorial: Harlequín
Encuadernación: Tapa Blanda
Nº Páginas: 320

En cuanto llegó al Oeste, la señorita Emmaline Carruthers tuvo que olvidarse de sus planes para conseguir tener una vida digna y tranquila. Y eso ocurrió cuando se vio casada con un exaltado vaquero por culpa de un matrimonio de conveniencia.

Matthew Gerrity, capataz de un rancho, estaba acostumbrado a que las cosas se hicieran a su manera. Así que no entendía por qué le estaba costando tanto hacer entender a su nueva y bella esposa del Este que él era el que mandaba.

Si quieres comprarlo, aquí podrás hacerlo:
- Casa del Libro (Ebook)

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